¡Sonreír y saludar!

Cada vez que voy al zoo, no puedo irme sin ver la exhibición de los delfines. ¡Me encanta! Pero esta vez me fijé en los adiestradores. Es alucinante ver cómo, con tres señales, los delfines hacen exactamente lo que ellos quieren. Miré a mis hijos y pensé que ellos eran mucho más capaces que esos delfines, así que empecé a «adiestrarlos».

Siempre me han gustado los niños educados. Hacen que sea mucho más fácil que te acojan de buena gana en los lugares a los que vas. A largo plazo, es bueno para ellos, ya que serán más civilizados y podrán convivir con los demás de una manera mucho más pacífica. Además, cuando tienes varios hijos y están bien educados, no es tan grave si alguno rompe algo.

El caso es que empecé como con los delfines a decirles las cosas justo antes de que sucedieran. «Chicos, la comida la ha preparado papá con mucho cariño y necesita que le digáis lo buena que está», «Inés, tu tía te ha regalado esto con mucho esfuerzo, y le encantará saber cuánto te ha gustado», «Chicos, cuando la abuela abra la puerta, dadle un abrazo y un beso». Y como se lo acabas de decir justo cuando la abuela está abriendo la puerta, ellos, en su inocencia y con las ganas que tienen de verla, pues se lanzan a abrazar a la abuela, que se derrite con sus nietos. Los padres entran relajados y los niños están felices. Y si luego la lían un poco, pues la abuela sigue pensando en lo buenos que son y en los abrazos que dan.

Con el tiempo, los niños, a diferencia de los delfines, tienen libertad y entendimiento; aprenderán que eso es bueno. Saludar, pedir las cosas por favor o dar las gracias hacen felices a los demás, y al final, lo harán sin necesidad de que les digas nada.

En una sociedad donde los niños son los guardianes de la galaxia y pueden hacer lo que les dé la gana, es una gozada encontrarse con niños que te piden las cosas por favor, te piden perdón o te saludan cuando te ven. Y eso no les va a salir solo. Eso se educa en casa y se inculca desde que son bebés, ya que es una de las pocas cosas donde los padres tienen todo el mérito o toda la culpa. No se puede ser educado si no te han educado previamente. No existe la virtud de la educación. Un niño puede ser generoso por naturaleza, o tranquilo, o bueno, pero la educación, el pedir perdón, saludar, pedir las cosas por favor, eso solo se aprende si te lo han enseñado.

Así que, padres, no os canséis de educar a vuestros hijos en los principios básicos de la educación porque los niños educados tienen todas las puertas abiertas.

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