
¡¡¡¡Padres!!! (madres y padres) Hago un llamamiento ¡¡¡¡¡URGENTE!!!
Cuando los niños os han conquistado, cuando estáis agotados y a los niños les queda todavía 3 ⁄ 4 partes de batería, cuando nadie se ha querido comer las lentejas, cuando todo el personal ha pasado de dormir la siesta, cuando la noche ha sido toledana, cuando te entran tentaciones de alargar el tiempo en el trabajo para, con un poco de suerte, llegar con los niños ya bañados y cenados, y si me apuras, dormidos, cuando la idea de “por qué coj… he tenido hijos” no se va de tu cabeza. Hay dos cosas que hay que hacer y se resumen en una palabra: OXIGENA.
La primera es que oxigena con tu mujer, oxigena con tu marido. Sois vosotros contra ellos. Despotricar juntos de los hijos. No hay nada más sano que ir a la guerra como aliados. Esto es clave porque si el enemigo no son los hijos, cuando el cansancio y la frustración nos superan veremos en nuestro marido o mujer al enemigo, y eso no lo podemos permitir. Maridos, mujeres. Tenéis un enemigo común: los hijos. Y sí, hay que reírse de los hijos, juntos, con cariño.
—Puff, Gabi ha vuelto a perder su mochila, le voy a matar. —Calla calla, que ayer se fue al cole sin un zapato. —¿Qué dices? ¿Y qué dijo la profe? —Nada, me miraba en plan… este padre es un despistado… —Jajajaja pero si el zapato que faltaba era el del niño. ¿Tú llevabas los dos, no? Y así juntos, en vez de discutir sobre quién tiene la culpa del zapato perdido, te lo tomas con humor y además oxigenas con tu marido o con tu mujer, y te relajas porque “estamos juntos en esto”.
La segunda cosa que hay que hacer es cenar una vez al mes con matrimonios amigos que estén en la misma etapa vital, es decir, con hijos, y charlar de vuestras frustraciones y escuchar las suyas y reíros de lo frustrantes que son todos los críos. Porque los otros padres no os van a juzgar, saben de sobra que queréis a vuestros hijos con todo vuestro corazón, pero entienden que de vez en cuando hay que oxigenar la cabeza para que no crezcan el rencor y la frustración. Porque a pesar de que ese rencor y esa frustración son consecuencia del cansancio por los hijos, el que lo va a acabar pagando es el otro adulto que vive contigo y al que tenemos que querer y cuidar más y mejor que a nuestros hijos.
Así que ¡sí! Oxigena, ríete con tu marido, apóyate en tu mujer cuando los hijos nos absorban toda nuestra energía y las ganas de vivir. Salir con amigos para ver quién tiene el hijo más gamberro. Y lo más importante, tus hijos son el enemigo a abatir, no tu matrimonio. ¡Salvemos el matrimonio porque juntos podemos con todo!
Fuerza y honor.
